Ensalada de lentejas caviar y verduras. Proteína vegetal


El verano es tiempo de ensaladas, casi de servir plato único y fresco para no cargar el estómago y alimentarnos con proteínas vegetales como las lentejas de las diminutas, de esas que en algunos sitios llaman lentejas caviar por su color negro y su tamaño muy pequeño.

Cocidas durante 30 minutos en una olla normal con mucha agua y sal y sin poner antes a remojo, quedan perfectas para una ensalada, dejándolas algo más duras que si fueran guisadas. 

Una vez frías y escurridas, les añades una latita de maíz, otra de guisantes, un picado de pimiento verde o rojo, tomate cortado a tacos pequeños y si quieres algo de carne como unas salchichas cortadas pequeñas, un huevo cocido y picado o un poco de bacon, pero no es necesario pues las lentejas ya llevan sus proteínas.

Falta regar todo de una salsa agradable y que aporte sabor. Una vinagreta con algunas alcaparras, o con mostaza, o incluso con el añadido de algo de picante o de una salsa tipo tártara o César, mezclada con abundante aceite de oliva para crear una salsa casi transparente pero que de sabor. Y a tomarlo frío como plato único.


Vuelven los vinos clarete. Pero poco a poco

No es que vuelva el clarete, pues nunca se ha ido del todo, pero si que tal vez lo volvamos a poner en su sitio como un vino algo diferente, también de calidad, aunque con sus particularidades. Yo vengo de las tierras del Duero pues mi padre nació cerca de Aranda de Duero. Y allí, en las bodegas del pueblo, lo habitual era tener clarete.

Mezclaban las uvas de sus viñedos para hacer SU propio vino, y en esa mezcla de uvas blancas y tintas nacía el clarete maravilloso, que tomado en la bodega era un manjar. Aquello poco a poco a costa de los fallecimientos de las personas mayores se fue perdiendo y hoy son muchas menos las bodegas familiares que hacen SU vino, su clarete. 

Un rosado es un vino de uvas tintas que ha estado un tiempo muy controlado el líquido estrujado con la piel de la uva para que le dé ese hollejo el color que se desea conseguir.

Vino que recién sacado de la cuba tenía incluso un ligero punto de picos ácido, de burbujeo, que enseguida desaparecía. Aquellos sabores del vino recién sacado de la cuba son imposibles y lo saben bien los catadores.

Nunca han desaparecido del todo los claretes, sobre todo por la zona del Duero. Es un vino fácil, peligrosamente fácil, que siempre es joven, que alegra por su cantidad y encaja perfectamente con sardinas a la brasa o con cordero asado. 

En el pueblo de mi padre y abuelos el vino siempre era igual, pues siempre se hacía con la misma proporción de uvas tintas y blancas. Las que cada familia tenía en propiedad. Unos más que otros, una mezcla diferente en cada familia.

El clarete lo he seguido bebiendo en Aragón, si se podía comprar a granel, algo ya casi imposible. Pero es un vino maravilloso para contentar a todo el mundo, para tomarlo fresco pero no frío, en bota o servirlo en jarra de barro que es como a mi más me gusta, como si airearlo un poco le sentara muy bien.

El clarete NO es un rosado para pobres, es otro tipo de vino, con otro sabor, con otras opciones, con otra manera de fabricación y de conservación. Un vino diferente que poco a poco y a costa de lograr que no desaparezca, algunos quieren volver a potenciar, pues tiene ventajas de sabor.

No es lo mismo un clarete de Cigales, que un rosado de Navarra. Y si hay dudas, hacer en casa una cata y lo comprobaréis. Como el clarete no es un vino que sirva para hacer Reservas, creemos equivocadamente que tiene que ser un vino barato, y por ello hemos logrado que sea un vino imposible de fabricar y vender. 

Pero en cambio sí somos capaces de comprar a precio alto un vino alemán, argentino o francés, joven y a veces normalito, pero no somos capaces de hacer lo mismo con un clarete bien hecho. Poco a poco iremos aprendiendo.


Arañones o endrinas, hasta finales de agosto no se deberían recoger


No, todavía no es el tiempo de recoger los arañones para hacer pacharán, aunque este mes de julio de 2022 haya sido muy caluroso y seco y nos de la sensación de que ya están en su punto incluso por tamaño. 

Los arañones o endrinas necesitan unas pocas semanas más, hasta mitad de agosto al menos, para que estén en su punto y se engorden un poco más. 

Si los recogemos ahora, el pacharán saldrá menos dulce, más ácido y agrio. 

Pero sé que enseguida y en cuanto comience agosto, los primeros paseantes recogerán las endrinas antes de que otros hagan lo mismo. 

Quien llegue primero se las lleva. Y lo correcto sería septiembre.