Mantequilla de Soria. Receta de 1880


Todos conocemos la llamada Mantequilla de Soria, una mantequilla generalmente dulce pero no en exceso, blanca o rosa, muy suave y que sirve para untar sobre pan, y que aunque la dulce es la más reconocida también exista ya natural y salada.

Se elabora a partir de la materia grasa de leche de vaca de las razas frisona y pardo-alpina o sus cruces que proceden de explotaciones lecheras registradas en la Asociación DOP, dentro de la zona de producción. La Denominación de Origen Protegida Mantequilla de Soria y ampara a las tres variedades de mantequilla que, por tradición, se vienen elaborando en la provincia soriana.

Las variedades salada y natural se consiguen tras un proceso de desnatado y pasteurización. Al conseguir la acidez deseada tras la nata se deja enfriar, se bate, se elimina el suero y se amasa lentamente hasta lograr la textura final que requiere el producto. 

La mantequilla dulce es un jarabe de agua y sacarosa que, después de hervirlo, se obtiene un almíbar que se mezcla con mantequilla natural. Permite la pigmentación coloreada de rosa, como es tradicional en la mantequilla dulce.

Arriba podemos ver en la imagen la receta de esta Mantequilla de Soria del año 1880, de un libro de recetas de la época.

¿Es pecado la pizza con piña?


Poner piña en rodajas en una pizza supone dividir a la humanidad española al menos en dos bloques perfectamente diferenciados. Los que lo odian y los que creen que es una opción interesante. Veamos algo más de este tema, que es tanto como poner o no poner cebolla en una tortilla de patata o en una paella.

Las rodajas de piña en una pizza la convierten en una pizza hawaiana aunque se inventara según comentan en Canadá o Alemania. 

En realidad es mezclar a una base de masa de pan con tomate, algo dulce y ácido a la vez. No hay más aberración ni más secreto. En la línea de hacer pizzas picantes o incluso terriblemente picantes. O ponerle anchoas muy saladas a un plato suave como es la pizza.

La mezcla por vecindad de un jamón cocido con la piña le ofrece una mezcla interesante en sabores y en texturas. Y además no es obligatorio pedirla o comprarla. Se puede seguir tomando pizza de champiñones o de cuatro quesos. 

En realidad la pizza es un plato con no excesivos sabores y su éxito en la mayoría de los casos depende de la masa del pan, del horno y de las especias que le pongamos. Y los italianos odian poner piña y también jalapeños o anchoas.

Jugar con láminas de piña no es entregar algo dulce sin mas, es añadir dulce y ácido. Por ejemplo no encaja melocotón en almíbar o rodajas de naranja, pero la piña sí. Aunque insisto en que no es obligatorio, para que nadie se desespere.

Nunca hay que poner mucha piña pues su sabor es fuerte y mata la sensualidad en los sabores de una buena pizza. Hay que escurrirla bien para que los caldos no ablanden la masa. Y hay que intentar que no sea el componente principal en tamaño. La imagen de arriba es LO QUE NUNCA DEBE SER UNA PIZZA DE PIÑA.

Unos toques de piña natural y pequeños en una pizza de jamón cocido y bacon, con unos toques de orégano y una buena base de tomate bien frito, es mucho mejor que poner rodajas enteras de piña en conserva.

El queso por encima tiene que ser suficiente como para que la mezcla funcione bien y no se apodere el dulzor de la piña de toda la pizza.

Lo importante es el precio por kilo de lo que compramos

En tiempos de crisis, de IPC desbocado y sin poderlo controlar, o miramos muy bien los precios de los alimentos que compramos, o directamente todavía nos empobrecemos mas. Cada euro que pagamos de mas, es un tiempo de nuestro trabajo que estamos regalando.

Esta imagen es de hoy mismo, noviembre de 2022 en un supermercado grande de Zaragoza. El mismo producto pero con marca conocida y marca blanca. Es un producto que normalmente se toma junto a otros alimentos, bien sea untado en pan, para añadir a salsas, en canapés o tostadas. Eso quiere decir que de existir algo de diferencia en el sabor no lo vamos a notar.

El precio no parece con una diferencia excesiva pero es falso verlo así. Exactamente uno vale el doble que el otro. El de marca blanca sale a 7,20 euros el kilo, y el de marca conocida a 14,60 euros el kilo.

Podemos y debemos comprar el que nos de la real gana, el que nos apetezca. Sin ninguna duda. Pero es bueno saber qué estamos pagando por cada producto. Es obligatorio que aparezca el precio del kilo y lo pone, aunque en pequeño. Para personas mayores es casi imposible de ver. Debería ser obligatorio que al menos estuviera en un cuerpo 14 de texto. Pero esa es otra.

De momento debemos saber que las diferencias de precio se disimulan en el tipo de comercialización, para que no parezca tanta la diferencia.